Lo que gasta tu equipo depende de tres cosas: las frigorías que tiene, lo eficiente que es y —sobre todo— la temperatura que le pones. Aquí ves las tres por separado, y cuánto te cuesta exactamente cada grado que bajas.
Está en la etiqueta energética, en la parte de refrigeración. Si no la encuentras y el aparato tiene más de diez años, elige la última opción.
El IDAE recomienda entre 24 y 26 °C en verano. Mueve el mando y mira cómo cambia el resultado.
Mira tu última factura. En España la media ronda los 0,18 €/kWh.
Un equipo inverter no trabaja al máximo todo el rato: arranca fuerte y luego modula. El 65% es un valor razonable para una vivienda normal. Si tu casa está mal aislada o el equipo se queda corto, súbelo.
Las fuentes consultadas dan un rango del 6 al 10% por grado. Usamos el 7% por defecto, que es el valor más citado. Puedes moverlo para ver los dos extremos.
El punto desde el que se cuenta el sobrecoste. Por defecto 26 °C, el extremo superior de lo que recomienda el IDAE.
Coste de la temporada completa con tu mismo uso, cambiando solo la temperatura.
| Clase | SEER | Coste temporada | Diferencia |
|---|
Mismo equipo, mismas horas y misma temperatura: solo cambia la eficiencia. Es la cifra que hay que mirar antes de decidir si compensa cambiar un aparato viejo que todavía funciona.
Cuatro operaciones, todas a la vista:
El IDAE recomienda entre 24 y 26 grados en verano, y ese rango no es arbitrario: por debajo de ahí el salto de consumo empieza a ser desproporcionado respecto a la mejora de confort que notas. Cada grado que bajas añade en torno a un 7% de gasto, así que pasar de 26 a 22 no es «cuatro grados más fresco», es aproximadamente un tercio más de factura durante todo el verano. Súbelo un grado y usa un ventilador de techo: el aire en movimiento hace que percibas dos o tres grados menos por unos pocos vatios.
Depende del equipo. Con uno inverter moderno, si vas a volver en menos de dos o tres horas, suele salir a cuenta dejarlo puesto a una temperatura razonable, porque el arranque desde una casa recalentada consume mucho más que mantener. Con un equipo antiguo de arranque y parada, apagarlo compensa antes. Lo que nunca compensa es dejarlo encendido toda la jornada con la casa vacía.
Porque expulsan el aire caliente por un tubo a la ventana, pero ese aire sale de dentro de tu casa, y para reponerlo entra aire caliente de la calle por cualquier rendija. Estás enfriando y metiendo calor a la vez. Su SEER declarado ya es más bajo que el de un split, y en uso real la diferencia es todavía mayor. Son cómodos porque no requieren obra, pero para un uso diario y prolongado son la opción más cara.
Míralo en la tabla de clases de arriba con tus horas reales. Un equipo anterior a 2013 puede tener un SEER cercano a 3, frente al 8,5 o más de un A+++ actual, lo que significa gastar casi el triple de electricidad para el mismo frío. Si lo usas muchas horas, la diferencia anual puede amortizar el aparato nuevo en pocos veranos. Si lo enciendes diez tardes al año, no compensa por consumo, aunque pueda compensar por ruido o por avería.
La frigoría mide el frío que produce el aparato, no la electricidad que gasta. Un equipo de 3.000 frigorías por hora produce unos 3,5 kW de frío, pero consume mucho menos que eso en luz, porque no fabrica frío de la nada: lo bombea de dentro afuera. Cuánto menos consume es justo lo que mide el SEER. Por eso un aparato con más frigorías no es necesariamente más caro de usar: lo que encarece es un SEER bajo.
La regla que usa el sector es de unas 100 frigorías por metro cuadrado, así que un salón de 25 m² pediría unas 2.500. Es solo una orientación: una habitación con la ventana al sur, mal aislada o bajo cubierta puede necesitar bastante más, y una interior en planta baja bastante menos. Quedarse corto es peor que pasarse un poco, porque el equipo trabaja al máximo permanentemente y no llega a alcanzar la temperatura.